Rosalía Goerzen

El acceso al agua ha determinado históricamente las actividades humanas en el Chaco Central Paraguayo. En el año 1927 llegan al Chaco los primeros inmigrantes formando grupos con la mirada fija en un sistema de colonización. Eran conscientes que necesitarían aplicar todas sus habilidades para lograr instalarse en sitios que después se convertirían en sus hogares. Desde entonces asumieron la responsabilidad de emprender acciones para gerenciar y administrar el abastecimiento de agua.

Imágenes de los primeros pozos y excavaciones en la primer mitad del siglo pasado
Fuente: Archivos colonia Fernheim

Iniciando las primeras excavaciones
El punto de partida era la elección del lugar para la excavación del pozo, que lo realizaban según la referencia de algunos asesores empíricos indígenas Lengua Norte. No fue una tarea fácil porque carecían de implementos como los que existen hoy para realizar las excavaciones. Todo se hacia manualmente con la ayuda de unos tablones, palas y bolsas.
Todas las aldeas de la primera colonización se ubicaron en sitios con suelos arenosos. Estos núcleos urbanos consistían en una calle y a ambos lados se asentaban en fincas unitarias. Cada aldea debía disponer de un pozo con agua de calidad potable, lo cual requirió perseverancia y fue una tarea difícil. Se buscaba la forma de asegurar que las excavaciones sean exitosas y por ende se hacían de forma pausada a modo de tener controlados eventuales derrumbes. Lo primero que se hacía era ubicar los tablones en la superficie, sobre estos se procedía a hacer la extracción de la tierra. Las excavaciones se hacían con forma cuadrada, para luego colocar los cuadrantes de madera chaqueña resistente, que sostenían los bordes previendo derrumbes. Estos cuadrantes luego quedaban en la base del pozo, garantizando la seguridad y evitando derrumbes en el caso de que se tenga que profundizar el pozo. La profundidad de las excavaciones variaban entre 3 a 9 metros en suelo arenoso y la prevención de los derrumbes de los bordes era crucial. Cuando se llegaba a una capa que filtraba agua, se tenía que esperar hasta que se junte suficiente agua como para llenar una tasa y probar la calidad de esa agua.

Vegetación típica de suelos arenosos conocidos como Espartillares


Este sistema de hacer pozos era una réplica de lo que se practicaba en algunas zonas de Ucrania y el sur de Siberia, donde habían estado asentado algunos de los colonos que vinieron a poblar el Chaco Central Paraguayo. Ellos sabían que el éxito de una excavación era como una lotería porque no había certeza de obtener agua potable.


Las experiencias iniciales sirvieron como práctica por unos 25 años, quedando como el método para buscar aguas subterráneas. Esta se convirtió en una actividad de invierno, “buscar nuevas fuentes de agua” con pozos en los campos de suelos arenosos.


En las aldeas el uso de las fuentes de agua era disciplinado. Una vez que la aldea tenía uno o dos pozos seguros en cada cabecera, las familias acarreaban el agua de ahí hacia sus hogares, siempre teniendo en cuenta el uso racional de la misma. Comúnmente esperaban cierto tiempo hasta que se acumulaba nuevamente el agua en el pozo para que la siguiente familia pueda ir a buscar el líquido vital. Con la motivación de tener un pozo cerca del hogar, con el tiempo la práctica de búsqueda de agua fue tomando ritmo. Cada familia en su asentamiento empezaba a buscar fuentes de agua, se ayudaban entre sí y con eso fueron aumentando los sitios de abastecimiento.


En paralelo a lo anterior, se desarrollaron también las técnicas de elaboración de ladrillos quemados. Esto permitió la construcción de aljibes, que era ya una tradición que se practicaba en la Argentina y se habían visto construcciones en el viaje de entrada al Chaco. Con la construcción de aljibes como reservorio para almacenar agua empiezan las instalaciones de canaletas en los techos de chapa de zinc para cosechar el agua de las lluvias.
Todas estas formas de almacenar el agua de lluvia y del pozo en aljibe eran válidas para sortear los meses de sequía, pues se requería de agua para consumo humano, los quehaceres diarios, para los animales domésticos y para el hato de ganado que seguía creciendo. En los meses de verano generalmente había lluvia y se volvía a almacenar agua en los aljibes y también en las bajantes naturales en el monte que era pastoreado por los animales vacunos.

Sistema integral techos, canaletas y aljibes


En los años 50, el hato ganadero aumentaba, las reservas naturales estaban sobre exigidas y el agua seguía siendo un tema principal para las familias, donde la interrogante permanente era: ¿Podemos sobrevivir en estas condiciones o tenemos que ir a otro sitio o qué hacemos?
En el seno de la familia, la mujer cumplía un rol fundamental en las decisiones del manejo de agua. La racionalización para los quehaceres del hogar como la preparación de cada comida, el aseo de la casa y de los hijos. Esta situación llevó a algunas familias a tomar la decisión de migrar a otros sitios; y a otras familias incentivó a la permanente búsqueda de nuevas fuentes de agua y aumentar el volumen de extracción posible u otras técnicas, que se venían desarrollando.


En ésta dinámica de la lucha sostenida por el abastecimiento de agua, el tipo de suelo y la información disponible jugó un rol determinante. Los habitantes de los pueblos originarios participaron y contribuyeron sus experiencias a la búsqueda de agua señalando además ciertas características en el paisaje del monte con suelos diferentes a los arenosos de las aldeas. Los montes matorrales cerrados bordeaban bajantes naturales con manchones de vegetación diferenciada asentada sobre suelo limoso-arcilloso. En éstas bajantes de tamaños y profundidades variables el agua quedaba protegida de la evaporación y los animales silvestres se abastecían de agua. Los animales vacunos pastoreando el monte encontraban éstos manchones para abastecerse con agua y hacer su tiempo de rumia.
Hoy el mapa de suelo del Chaco publicado en 1998 visualiza la distribución del suelo regosol, que en el inicio de la colonización fue aprovechado para la fundación de las primeras aldeas. Los suelos regosoles forman los paisajes llamados campos o sabanas arboladas arenosas. En éste paisaje se desarrollaron las búsquedas de agua subterránea originados por la infiltración de las lluvias. El mencionado mapa de suelo hoy muestra que había más disponibilidad de áreas para instalar nuevas aldeas sobre suelos regosoles. De haber tenido esa información en los años 55, se hubiera dicho: “Bueno, hay muchos regosoles todavía para seguir buscando agua. Podemos quedarnos acá, hay tiempo para hacer eso y seguir desarrollando los hatos ganaderos, que se van convirtiendo en la base de nuestra economía.” Desde la habilitación de la Ruta Transchaco a inicios de la década del 60 y la introducción de diferentes maquinarias a la zona, las dinámicas de la economía rural en el Chaco cambiaron y se aceleraron.


Los colonos practicaron los loteamientos de los suelos de monte ubicados entre las aldeas en función a la ubicación de las bajantes naturales en los lotes. Esto permitió ampliar el desarrollo de nuevos métodos como la construcción de los tajamares, una infraestructura primordial para almacenar agua de lluvia en el ecosistema matorral para uso ganadero. Con esto disminuyó la presión de abastecimiento de agua sobre el sistema de los regosoles en las aldeas.


Capitalizando las experiencias.
El manejo de los recursos hídricos muestra dos opciones diferenciadas básicamente por las características del suelo. Uno en el suelo arenoso regosol propiamente dicho de agua infiltrada de lluvia, que con el tiempo se convirtió en ciencia. Y por otra parte el sistema en otro tipo de suelo limoso–arcilloso característico del monte chaqueño dependiente de la escorrentía de la lluvia.
La dinámica en los regosoles es la que desde los años 50 se empezó a estudiar y documentar científicamente y hoy día es ampliamente aprovechada. Se conoce que la dinámica de acuerdo con la profundidad variable y la intensidad de las precipitaciones sobre el perfil del suelo regosol permite diferentes manejos, pero es considerado un acuífero somero para extracción lenta con bajos caudales cumpliendo la función de un reservorio de agua importante.
La búsqueda de fuentes de agua sigue siendo una premisa, es parte del día a día. Hoy con un enfoque dinámico en el sentido de buscar nuevas técnicas para mejorar la gestión y el manejo de cosecha del agua de lluvia.

Sistematización y edición con la colaboración de Yolanda Ferreira, Amalia Vargas y Antero Cabrera FCA UNA Filial Boquerón

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